[web_silvio] {Spam?} Silvio Rodríguez: La lucidez tiene enemigos
Maryel
nierika en trovacub.com
Vie Jun 22 18:18:40 CDT 2007
Tras la publicación en JR de varios artículos
sobre la Nueva Trova en la Cuba de hoy, les
ofrecemos la opinión del importante cantautor
Por: Agnerys Rodríguez Gavilán y José Luis Estrada Betancourt
Correo: <mailto:joselestrada en jrebelde.cip.cu>joselestrada en jrebelde.cip.cu
17 de junio de 2007 00:00:00 GMT
Silvio Rodríguez
Foto: Iván Soca
Cuatro décadas se cumplirán en julio de aquel
Primer Encuentro de la Canción Protesta que
acogió Casa de las Américas, entre el 24 de julio
y el 8 de agosto de 1967, el mismo año en que
Silvio Rodríguez compartía un recital con
Teresita Fernández y poetas jóvenes, y se
adueñaba de la pantalla doméstica una vez a la
semana con Mientras tanto..., espacio musical
donde aparecía como figura central y conductor.
De aquella histórica cita, el autor de Ojalá y Te
doy una canción recordaba en una entrevista:
«Es obvio que se nos etiquetó como “protesteros”
por aparecer convocados por el Centro de la
Canción Protesta de la Casa de las Américas
conste que gracias a Haydée Santamaría. En
verdad, en ese momento nuestras canciones
consideradas “de protesta” se movían más o menos
en las temáticas reconocidas: la guerra contra
Vietnam, la discriminación racial y el
antiimperialismo. Pero a nosotros nunca nos gustó
el término de cantores de protesta porque era muy
estrecho, porque no reflejaba, en un amplio y más
profundo sentido, lo que queríamos, lo que
intentábamos y, por supuesto, lo que creíamos
hacer. Y esto no era otra cosa que seguir la
tradición trovadoresca cubana en su diversidad de
formas y contenidos. El término cantores de
protesta nos parecía chato, incluso hasta burdo,
porque nosotros sentíamos, además, un fuerte
compromiso con toda la trova, con la libertad de
la poesía y la belleza, y nos parecía que esa
aspiración no se podía encasillar, que no tenía
límites, que estaba mucho más allá de un eslogan circunstancial.
«Por otra parte, la Casa de las Américas, durante
un tiempo, fue casi el único lugar donde podíamos
exponer los fuegos iniciales. Allí tuvimos lo que
necesita un joven: comprensión y respeto,
sentirse atendido y apoyado. Pero nosotros jamás
usamos el término de cantores de protesta para
autodefinirnos. Siempre hemos dicho que somos,
sencillamente, trovadores. O sea que fueron otros
los que nos llamaron cantantes de protesta y
también fueron otros los que así nos dejaron de llamar».
Transcurridos 40 años de aquel encuentro
inaugural rememorado recientemente con otro
internacional dedicado a la Canción Necesaria
durante el Cubadisco 2007, Juventud Rebelde
publicó una serie de artículos que tenían como
centro la Nueva Trova y pensó que sería
formidable conversar con Silvio quien, junto a
Pablo Milanés y Noel Nicola, constituyen los
máximos representantes de una manifestación que
es un componente esencial de nuestra identidad.
Ahora, Silvio trae al presente los comienzos que
antecedieron al momento en que la Nueva Trova se
impuso en el gusto popular, incluso disputándole
la preferencia a la música bailable: «Al
principio eran muy contados nuestros seguidores.
Entonces no existía la variedad de grabadoras
personales de hoy. Ni siquiera se habían
inventado las caseteras. La EGREM era el único
lugar de Cuba donde se grababan discos y
semejante dicha nos tocó a nosotros muchos años
después. Así que durante los primeros tiempos la
única forma de escuchar a la Nueva Trova era en directo.
«Los aficionados de nuestra música nos seguían de
Casa de las Américas a los bancos de los parques,
a los zaguanes, a las escaleras de los edificios
y a las casas particulares. Cantando
constantemente fuimos llegando a los centros de
estudio y de trabajo. La Universidad de La
Habana, en específico la Escuela de Letras, nos
recibió en varias oportunidades y ocasionalmente
la televisión universitaria, que al principio
solo transmitía para los alrededores de la CUJAE,
cuando la fundó Chomi Villar».
Y, no obstante, piensa Silvio, «por dificultoso
que hoy parezca, me parece que los jóvenes
actuales tienen más facilidades para seguir a sus
artistas que los de aquellos tiempos.
«Cuando nosotros aparecimos había, en algunos
sectores de la juventud, un poco de cansancio de
las formas tradicionales de interpretación de
nuestra música. Como sucede ahora, aquello se
debatía en los periódicos; se le preguntaba a
profesionales y a ciudadanos sobre una presunta
crisis en la música cubana. Pero eran tiempos muy
diferentes a los de hoy. Había una extrema
suspicacia no solo con el rock sino también con
lo extranjero, incluso con lo que oliera a
“moderno”; se desconfiaba de lo que pudiera
resultar una mala influencia para los jóvenes.
«Aquella fobia llegó a la locura de vigilar la
forma de los compases musicales, ciertas maneras
de hacer ritmos con una batería. Se hicieron
planes para este tipo de vigilancia, se
elaboraron y se circularon esquemas de detección
de gérmenes musicales imperialistas y la música
“infectada” automáticamente era condenada al veto.
«Por eso en la segunda mitad de la década del 60,
en Cuba, algunos compositores estaban francamente
dedicados a la invención de ritmos, y a diario
salía una agrupación que lanzaba un “hallazgo”
diferente. Algunas de aquellas cadencias eran
variantes de los ritmos tradicionales, como el
mozambique; otras, como el Wa-Wa, pretendían una
asimilación descafeinada de lo que venía de
“afuera”. La televisión y la radio apoyaban con
bombos y platillos aquellos lanzamientos y algún
ritmo, como el mozambique, no solo arrastró por
un tiempo a la gente de barrio sino que fue
enviado a París en plan conquistador.
«En medio de aquella superproducción de ritmos,
de aquellos debates, de aquellas exigencias y
también de aquellos errores empezamos a coincidir
y a interinfluenciarnos un grupo de jóvenes que,
más que una visión igual de la canción, teníamos
en común la necesidad de hacer valer lo que
deseábamos cantar. Inicialmente fuimos
identificados como trova “moderna”, pero también
nos decían la trova joven. A cada uno de nosotros
lo seguía un grupito minúsculo de partidarios y
cuando empezamos a cantar juntos todos nos
beneficiamos, porque se juntaron nuestros públicos».
Silvio, ¿cree que la trova incide en los jóvenes de hoy?
No sé hasta qué punto, pero también ignoro hasta
dónde deja de significar. No pienso que la trova
tendría que tener una incidencia a ultranza. La
trova misma es de gran variedad y cada zona tiene
sus adictos. Es admirable que, a pesar de haber
sido casi siempre una música marginada, haya
sobrevivido hasta nuestros días, a veces gracias
a reducidos guetos de admiradores.
«No estoy de acuerdo con atribuirle a la ausencia
o a la presencia de la trova, o cualquier otro
tipo de música, problemas sociales que seguro
tienen otras razones. Aunque claro que también
pienso que en nuestro país hubo momentos más felices para la canción de texto.
«Yo diría que la lucidez tiene enemigos. Estos
suelen atribuirle exceso de responsabilidad al
compromiso social en las artes. Aluden demasiada
conciencia y con ella tristeza.
«Para mí estos son argumentos absurdos, porque
todos vamos a tener suficiente ausencia de
pensamientos cuando no estemos. ¿Para qué
anticiparnos a la nada? ¿Qué prisa podemos tener en no reflexionar?».
Y en su opinión, ¿qué habría que hacer?
El joven que todavía se debate en mis entrañas
podría responder: la revolución cultural que se
empezó con la alfabetización y después se detuvo.
Pero dudo que este momento sea más apropiado que
el de entonces. Así que mientras se crean
condiciones para ese salto, supongo que debemos
perfeccionar nuestros medios de difusión y
ponerlos en función también de la cultura.
«Esto no puede ser maquillaje, porque eso ya se
ha hecho. Los que exponen cultura tienen que ser
cultos, los que hacen el arte tienen que ser
artistas. Debería comenzar un cambio profundo en varias instituciones».
¿Vive la trova un buen momento?
La trova solo es una expresión de la música
cubana y en sí misma contiene una amplia
variedad. Hay que ver que, salvo en los tiempos
en que se inventó la radio, la trova nunca ha
sido muy divulgada a través de sus hacedores. El
inicio de la radiodifusión lanzó a Matamoros, a
María Teresa, a Piñeiro. Después, en los tiempos
del filin, los grandes trovadores cantaban a la
sombra de los clubes nocturnos, mientras los
intérpretes famosos divulgaban sus obras.
«Así que el otro momento de difusión trovadoresca
fue cuando se fundó el Movimiento de la Nueva
Trova. Y más que por estar auspiciada por la UJC,
aunque también por eso, me parece que parte de
aquel éxito se debió a que estábamos unidos, a
que a menudo decenas de trovadores nos
encontrábamos para hablar de los problemas de la
cultura, que era una forma de debatir los
problemas del país. Casi sin darnos cuenta nos
convertimos en un factor vivo y actuante de la
sociedad. Yo creo que ser tantos, estar agrupados
y ser coherentes nos fue dando el alcance que jamás sospechamos.
«Es obvio que actualmente no existe una
experiencia cultural con una fuerza semejante.
Puede que valga la pena reflexionar sobre eso. Y
no para calcar aquello, que por supuesto es
irrepetible. Tendría que ser para tener el arrojo
de apoyar algo que fluyera naturalmente de la
sociedad, una verdad estimulada, como fue el caso».
Confesiones
EN una entrevista publicada en 1980, Silvio contaba:
«Yo empecé a componer canciones a las que después
caracterizaron con el nombre de Nueva Trova o
Nueva Canción. Cuando me preguntaban en esa época
qué era, yo prefería siempre llamarme trovador.
No sé si por intuición. En aquel momento, yo no
tenía una idea clara del desarrollo histórico de
la trova ni del significado de todo aquello que
empezábamos a hacer. Estaba en el ejército, tenía
otro trabajo diseñador de historietas y pensaba
regresar a mi profesión cuando terminara el servicio militar.
«Así empecé, como un joven al que le gustaba la
música, cogió una guitarra y empezó a tocar. Como
todos los jóvenes de mi tiempo, sentía un poco de
rechazo por la música tradicional cubana que se
oía en la radio. No así, sin embargo, por las
canciones tradicionales de la trova que había escuchado de mi madre.
«En esa época se solía pensar que los trovadores
eran unos viejitos que se reunían a cantar con
voces desafinadas y roncas. No había una
divulgación ni un rescate de nuestra historia musical.
«Desde que cogí la guitarra, lo hice con la idea
de decir mis propias cosas. Siempre tuve la
certidumbre de que tenía mis propias cosas que
decir. Ahora, después de un trabajo profesional
de años, de haber aprendido un poco de música, de
poder analizar con más elementos y rigor algunas
cosas, me doy cuenta de que mis canciones siempre
tuvieron una intención diferente a lo que se oía
en aquel momento. Aunque fueran canciones de
amor, siempre planteaba las cosas de una manera
diferente. En aquella época, empecé a leer a los
clásicos del romanticismo: Lord Byron, Bécquer,
Hoffman, todos ellos. Después me entusiasmó mucho
la obra de Poe. Y aún hoy soy un seguidor de algunas de sus enseñanzas».
fuente:
http://www.juventudrebelde.cu/cultura/2007-06-17/silvio-rodriguez-la-lucidez-tiene-enemigos/
@}-,-'-- Maryel, "la guardiana de la suerte"
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