[web_silvio] “Humanidad y autocrítica, el mejor legado del Che”: Silvio Rodríguez

Maryel nierika en trovacub.com
Dom Oct 7 14:47:04 CDT 2007


Hace 40 años moría en Bolivia el guerrillero 
argentino-cubano Ernesto Che Guevara y también, 
casi al mismo tiempo, nacía en Cuba la Nueva Trova Cubana.

7-Octubre-07
Silvio Rodríguez tenía 12 años cuando en 1958 el 
joven abogado Fidel Castro y el médico argentino 
Ernesto Guevara de la Serna, nacido en la ciudad 
de Rosario, Argentina, el 14 de junio (o mayo) de 
1928, salieron de las montañas cubanas para dar 
la ofensiva final contra el dictador Fulgencio 
Batista. Tenía 21 cuando fundó, junto a Pablo 
Milanés, Noel Nicola y Vicente Feliú la Nueva 
Trova Cubana, que mostraría lo más bello de la 
revolución por todo el mundo. Y tenía 21 cuando 
ese mismo año de 1967 mataron, un 9 de octubre, al Che.

Cuarenta años después de aquel asesinato, cuando 
el asmático guerrillero decidió abandonar su 
puesto como ministro de Finanzas en la Cuba 
triunfante de los barbudos e intentó crear, junto 
a medio centenar de hombres procedentes de Cuba, 
Argentina, Bolivia y Perú, desde la selva 
boliviana, un foco rebelde para expandir la 
revolución a América del Sur, Silvio Rodríguez, 
al borde de los 61, matiza su historia poco 
conocida y sus orígenes como dibujante de cómics, 
su primer contacto con una guitarra y las 
canciones que le escribió al Che. ¿Puntos en 
común entre ambos? Rebeldes en la infancia y la 
adolescencia, sumamente traviesos según los 
allegados, provocativos, mal encarados, 
escandalosos incluso, y la convicción común 
­manifiesta en el Che, en sus poemas y en la 
vida, y en Silvio en sus canciones­ de que la 
muerte no es un fin sino un medio.

“Morir, sí, pero acribillado por las 
balas,/destrozado por las bayonetas, si no, no, 
ahogado no…/un recuerdo más perdurable que mi 
nombre/es luchar, morir luchando”, escribió 
Guevara en 1947, a los 19 años, cuando la familia 
se trasladó a Buenos Aires, cinco años antes de 
que partiera, en julio de 1952, en su último 
viaje por América Latina, sin contar con un 
pasado de militancia política o estudiantil en la 
siempre convulsa Argentina. Para Silvio 
Rodríguez, la muerte es una pasajera “que anda en 
secreto”, como reza en “Testamento”, canción en 
la que el también productor y diputado pasa en 
limpio su larga lista de deudas, una de ellas “a 
una bala,/a un proyectil que debió esperarme en una selva”.

El viaje del Che a finales de 1966 para 
instalarse en una zona montañosa y selvática 
cerca del río Ñancahuzú, cuando Bolivia era 
regida por la dictadura del general René 
Barrientos, estuvo precedido por el debate en 
Cuba sobre qué estrategia económica seguir y el 
grado de dependencia con la Unión Soviética, 
único socio comercial de la isla tras el bloqueo 
estadunidense impuesto en 1962. Había 
divergencias acerca de la conducción de la 
economía, defendiendo el Che un rumbo que no 
hiciera a Cuba depender exclusivamente de los 
suministros soviéticos a cambio de su azúcar.

Para Silvio, “por supuesto que el Che tenía y 
tiene todavía la razón” en su empeño en 
diversificar productos y mercados. Incluso antes 
del llamado periodo especial, a comienzos de 
1990, cuando la desintegración de la URSS arrasó 
tras de sí a la estrechísima economía cubana, “la 
razón se la daba su sentido común, la dignidad 
que el Che le confería a la revolución cubana y 
el deseo de hacernos lo más independientes que fuera posible”.

Para el autor de “Fusil contra Fusil” y “La era 
está pariendo un corazón” ­temas dedicados a la 
muerte del “guerrillero heroico”­, la vinculación 
que pudiera haber entre la desaparición del 
argentino y el nacimiento de la Nueva Trova 
“consiste en que Ernesto Guevara había sido uno 
de los comandantes de la revolución, estallido 
social en que mi generación se formó, incluyendo 
a los que escogimos ser trovadores. Después, 
cuando el Che y otros altruistas se lanzaron al 
internacionalismo, siguieron dejándonos un 
ejemplo de humanidad que durante años muchos 
jóvenes quisimos imitar y que, al menos, dejamos reflejados en canciones”.

“Se perdió el nombre de este siglo allí (…)/Todo 
el mundo tercero va/a enterrar su dolor/con 
granizo de plomo harán/su agujero de honor, su 
canción”, rezaba en 1967 “Fusil contra fusil”, 
uno de los varios temas en homenaje al Che, 
compuestos por Rodríguez en distintas etapas de 
su vida. “Pero también tengo otras ­precisa­, en 
las que él ronda, aunque no se le mencione”.

Para Silvio, el Che les dejó un doble legado, 
como sociedad y en lo personal: “Una revolución 
triunfante, sin pretenderlo, a costa de hacer 
bien y de ser aplaudida por ello, puede 
desarrollar una especie de narcisismo que pudiera 
llegar a ser pernicioso. Del Che siempre me 
agradó la intransigencia con el acomodamiento y 
con el oportunismo. Para mí su legado esencial, 
como Homo sapiens, es su sentido autocrítico”.

Conocido por su lealtad, renovada con los años, 
hacia el hoy convaleciente presidente Fidel
Castro, Silvio es escueto pero contundente ante 
la pregunta de si Fidel es para él tan humanista, 
intransigente y autocrítico como lo era el Che: 
“Yo creo que el Che aprendió mucho de Fidel y posiblemente también viceversa”.

No parece el músico temer al hecho de la 
mercantilización extenuante de la figura del Che 
en camisetas, gorras, ceniceros, llaveros y 
carteles, ni que esa exposición icónica extrema 
pueda afectar su legado, desviarlo o vaciarlo. 
Más bien, piensa, “el hecho de que el rostro del 
Che, en el pecho de Carlos Santana, haya 
provocado reacciones tan virulentas, de cierta 
forma salva a las camisetas de su ‘pecado original’ como objeto de consumo”.

“Una suerte poder contar la vida”

Silvio conversó con Fin de semana mientras 
preparaba el concierto de este domingo 7 en la 
antigua comandancia del Che en la provincia de 
Santa Clara, en el centro de Cuba, distante unos 
400 kilómetros al noreste de San Antonio de los 
Baños, provincia de Habana, cuna del cantautor, 
cuyos primeros estudios además de la escuela 
fueron piano y pintura. Su primer trabajo fue 
dibujante de cómics, a cargo de la satírica “El 
Hueco: Una historieta muy profunda” en el 
semanario Mella, revista mensual de la Asociación 
de Jóvenes Rebeldes, donde el colorista Lázaro 
Fundora lo acercó a la guitarra, el instrumento 
junto al cual Silvio se ha colocado en estos 
cuarenta años junto a los mejores de la época: 
Chico Buarque, Joan Manuel Serrat, Caetano Veloso, Víctor Manuel…

A propósito de sus influencias musicales, Silvio 
ve en sus maestros y maestras “a Bola de Nieve, 
Chaikovski, Teresita Fernández, el mexicano 
Francisco Gabilondo Soler, César Portillo de la 
Luz, Antonio Vivaldi, Glenn Miller, Mikis 
Teodorakis, Benny Moré, George Brassens, Mozart, 
Domenico Modugno, Lennon y McCartney, Charles 
Aznavour, Enio Morricone, María Teresa Vera e interminables etcéteras”, dice.

Bajo el alias de El Aprendiz, Rodríguez confiesa 
ser “un poco conservador en materia de música”, 
cuando le preguntamos qué lo inspira.

“Pocas veces me aventuro fuera de aquella música 
con la que he conseguido dialogar y me es 
entrañable. No quiere decir que nunca me salga, 
sólo que lo hago poco. Como siempre, en mí 
predomina la música instrumental; por propia voluntad escucho pocas canciones.

­¿Y en cuanto a las lecturas?

­Con la lectura soy más temerario y no sólo leo 
narrativa o poesía. Me gusta la historia y 
también algunas ciencias. Me entusiasman los 
libros que explican el porqué de las cosas. No 
sólo porque muestran los conocimientos; también 
porque las buenas explicaciones ayudan a entender segundos y terceros asuntos.

En los próximos días la totalidad de su obra 
discográfica podrá ser obtenida en forma 
totalmente gratuita en internet, desde diversas 
tiendas on line, gracias a un acuerdo con la 
distribuidora digital de la Sociedad General de 
Autores y Editores de España (SGAE). Al respecto, 
consultado si a su juicio las nuevas tecnologías 
han cambiado y cambiarán más profundamente la 
manera de adquirir y escuchar música, Silvio 
lamenta que “se perdió el disco compacto, que 
además de sonar bien tenía un formato y un tamaño 
que estimulaban el diseño. No es que ahora me 
cierre a algo mejor que el CD, si realmente va a 
serlo. Pero hoy día muchos artefactos, vendidos 
como avances son más hijos del consumismo 
frenético que del verdadero progreso”.

Él deshecha totalmente la idea de que la música 
estadunidense deba tener un lugar reducido en los 
canales y las emisoras de radio de América 
Latina: “Es una tontería pensar que alguna música 
contiene en sí misma gérmenes imperiales”, dice, 
no obstante que “a través de la cultura, la 
música, el cine, la literatura, etcétera, se 
puede estar contribuyendo a formas de dominación 
política, porque la cultura también proyecta 
modelos. Pero creo ­agrega­ que las culturas 
nacionales deben ser lo suficientemente robustas 
como para salir enriquecidas (no absorbidas) del 
contacto con lo foráneo. Y también considero que 
es importante estar abiertos y preparados para cualquier confrontación”.

­¿Conservas tu producción de cómics y aquel 
legendario libro de poemas, Horadado Cuaderno 
No.1, que entiendo ganó primera mención en el 
concurso literario de las Fuerzas Armadas cuando hacías el servicio militar?

­Los cómics que yo publicaba son de cuando era un 
adolescente. Todo eso está perdido. Y aquellos 
poemillas hicieron bien en quedarse en el hueco que los dejé.

Últimamente, raras veces Silvio lee cómics, “más 
bien los miro, los examino. Como de niño fui tan 
adicto y luego de adolescente trabajé en eso, se 
me quedó el vicio. Pero lo que a mediados del 
siglo 20 era una industria regular de 
entretenimiento hoy día tiene otras 
connotaciones. Ahora los dibujantes y escritores 
de cómics son considerados verdaderos artistas”.

Sus héroes de entonces eran Will Eisner, Milton 
Caniff, Hal Foster y Jack Davis, maestros 
considerados clásicos. Actualmente, en la lista 
de buenos dibujantes para Rodríguez figuran 
Richard Corben y Simon Bisley, “amén de la 
proliferación de dibujantes de manga”.

“Habrá tiempo para Cuba”

La pregunta es inevitable: desde la muerte del 
Che y vistos desde el futuro que vendrá, qué ha 
pasado con Cuba en estos cuarenta años. Y qué 
espera el autor del impactante álbum de 2003, 
Cita con ángeles, con motivo de la invasión 
anglo-estadunidense a Irak (donde vuelve a 
aparecer una mención al Che y su muerte en 
Bolivia, y el ex presidente español José María 
Aznar es tratado como “enano alcahuete” por su 
alianza con la dupla Buhs-Blair). “Si lo viera 
desde el deseo, podría decir que en este lapso 
hemos estado aprendiendo qué hacer y qué no 
hacer. Y justamente eso es lo que espero que demostremos en el futuro.”

­¿Hay tiempo para eso? Parece más bien que el 
futuro se le viene encima a Cuba...

­A mi modo de ver habrá tiempo, siempre que 
respetemos dos cosas a la vez: los sacrificios 
realizados y los derechos de las nuevas generaciones.

Más que identificar un punto de inflexión en 
estas últimas cuatro décadas en algún 
acontecimiento político como la caída del muro de 
Berlín, la desaparición del mundo comunista o los 
más recientes atentados terroristas del 11-S en 
Estados Unidos, este “obrero de la palabra”, como 
gusta decirse, autor de temas sin fronteras como 
“Te doy una canción”, “El unicornio azul”, 
“Ojalá”, “La gaviota” y “Rabo de nube” considera 
que no necesariamente son los hechos políticos 
los que pueden marcar a un siglo, vivimos en un 
mundo donde la ciencia y el arte están en baja 
pero el cambio climático y los avances en 
ingeniería genética también son sucesos que 
podrían tener un impacto tremendo en la suerte de la humanidad”.

Renuente como es sabido a hablar de sí mismo, 
Rodríguez dice “no tener la más mínima 
pretensión” de pensar en qué herencia va a 
dejarle a la gente. “Y la verdad ­dice­ que sería 
raro que se me tomara en cuenta. Constantemente 
aparecen y desaparecen artistas, pensadores, 
mujeres y hombres extraordinarios, y el mundo no 
parece muy receptivo. ¿Por qué iba a aprender de un aprendiz?”

­Aun así hay muchos que clonan tu estilo o que se 
inspiran a través de tus canciones. ¿Cómo ves a esos seguidores?

­Siempre han existido referentes y eso sirve para 
incentivar las ganas de otros. Yo mismo fui un 
joven soldado que cierta vez trató de hacer sonar 
su guitarra como “We can work it out”.

A partir de 1983, con el retorno de la democracia 
en Argentina, tuvieron lugar en Buenos Aires 
varios conciertos de Silvio y de Pablo Milanés 
que reunieron a millares de personas las cuales 
coreaban de memoria, con velas encendidas, cada 
una de las letras de la Nueva Trova, a pesar de 
los años de aislamiento y sin el recurso aún del 
internet capaz de burlar la censura militar: “¿Te 
conmovió aquella adhesión, que también era una 
adhesión a la satanizada Cuba?”. “Antes de llegar 
a la Argentina me habían contado que si en un 
registro policial encontraban un casete con 
música nuestra, podía significar arresto o 
golpiza. La verdad es que yo llegué allá, más que 
conmovido, abrumado por la responsabilidad que 
cargaba. El entusiasmo de la gente fue un alivio.”

La entrevista casi termina. Todavía preguntamos 
qué pasó con él en estos 40 años y con sus ideas 
sobre el mundo, la vida y el amor.

“En 40 años pueden ocurrir muchas cosas que no 
imaginábamos. Al nivel esencial creo que sigo 
siendo casi el mismo y que no me he vuelto loco”.

­Como dice el lugar común, ¿la vida comienza a los 40?

­Dice García Márquez que es una suerte poder 
contarla. Sin afán de apostilla (Dios me libre), 
yo agregaría “siquiera un pedacito”.

Dejamos correr el final:

­¿Qué es lo que más te sigue enamorando de la 
vida y qué es lo que más te frustra y enoja?

­Lo peor que tiene la vida es que termina. Y lo 
mejor que tiene es que, así y todo, continúa.

­A lo largo de tu trayectoria y mirando atrás, 
¿qué canción tuya consideras la más sabia o atinada?

­No estoy muy seguro de cómo medir la eficacia de 
las canciones. Lo que tienda puentes, lo que nos 
ayude a comprender, lo que nos haga más 
solidarios y mejores, sin duda vale la pena. Pero 
hay otra categoría, no sé si más simple o 
compleja, que es aquello inefable que nos hace 
felices, o que nos acerca a eso. Si crees que una 
canción mía ha tenido alguna de esas cualidades, pues... esa misma.

­¿Cuál es la palabra más revolucionaria que conoces?

­A riesgo de parecer trillado, amor puede ser 
todavía ­más que una palabra­ un sentimiento sumamente explosivo.

­¿Es cierto que la canción “Ojalá”, aquella de 
“ojalá pase algo que te borre de pronto…” fue por un enojo? ¿Con quién?

­La hice después de varios meses en alta mar, al 
recuerdo obsesivo de una mujer. Pero todavía no 
te sé decir con qué estaba enojado.

­¿Qué harías con diez años de menos?

­Volver a enamorar a mi compañera.

   Ciudad de México/Irene Selser
http://www.milenio.com/guadalajara/milenio/nota.asp?id=551404





@}-,-'--   Maryel, "la guardiana de la suerte"
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