[web_silvio] {Spam?} Silvio Rodríguez: "Estamos aquí porque creemos en ustedes"
Maryel
nierika en trovacub.com
Vie Feb 1 00:39:16 CST 2008
Silvio Rodríguez: "Estamos aquí porque creemos en ustedes"
<mailto:editor en cubadebate.cu>Rosa Miriam Elizalde
2008-01-21
Fotos: Silvio Rodríguez
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Ellas.
Qué difícil es cantar
en un lugar como este
y hacer que el alma se preste
otra vez a disfrutar.
Hemos venido a dejar
el arte a otros ciudadanos.
A ustedes, seres humanos
en difíciles procesos
porque aunque se encuentran presos
no dejan de ser cubanos.[1]
BAYAMO, Enero 17.-En contraste con la frialdad de
los exteriores de la Prisión provincial de
Granma, puertas adentro el ambiente es agitado y
como de campo de feria, que refuerza un sol
amarillo y abrasador. Faltan diez minutos para
que inicie el concierto, fijado a las tres de la
tarde. Artistas, técnicos, oficiales, soldados,
reclusos, periodistas se arremolinan camino a una
sala del edificio principal del penal, donde se
ha montado una exposición de Ernesto Rancaño, el pintor que acompaña la gira.
Casi no se puede dar un paso en la salita
rebosada de gente. Para llegar hasta ella hay que
pasar primero por un recibidor donde algunos
reclusos, tímidamente, han esperado para
obsequiar piezas que ellos mismos tallaron para
los artistas. Entre las manos cuarteadas de un
muchacho de basto uniforme azul hay un barquito
de madera. “¿Puedes imaginar qué se siente cuando
ellos te entregan su regalo? No te lo dicen con
palabras, pero tú las percibes en el gesto. Algo
de ellos saldrá de la prisión”. Alexis Díaz
Pimienta, repentista y escritor, es el primero
del pequeño grupo de trovadores de esta
“Expedición” con quien tropiezo. Es el tercer
centro penitenciario donde ofrecen su concierto,
organizado por Silvio Rodríguez y en el que
participan también Amaury Pérez, Vicente Feliú y
el cuarteto Sexto Sentido, acompañados del
escritor Reinaldo González, el cineasta Léster
Hamlet y la fotógrafa María Teresa González
(Petí). “Como el primer día, tengo sentimientos
contradictorios –confirma Alexis. Uno sabe que
son presos, que están aquí porque hicieron daño a
otros, pero a la vez no puedes dejar de
compadecerlos ni puedes impedir que te duela su
tragedia”. Pasa Silvio, camisa roja y gorra azul,
y uno de los técnicos del espectáculo se anima a
contarme al menos una anécdota: “En una de las
cárceles que visitamos, alguien le dijo: ‘Silvio,
ojalá que se acaben los presos’. Él ni lo pensó
para responder: ‘Sí, pero que primero se acabe el delito’.”
Son ya las tres. Salimos al exterior, casi en
fuga. Va a empezar el concierto en el patio del
penal, una explanada enorme donde hay 3 000
sillas ocupadas, frente a una tarima azul de la
que cuelga una guirnalda de rosas amarillas. A un
costado, la Banda de conciertos del centro
penitenciario, 30 presos ahora sentados, con sus
instrumentos sobre las rodillas. “Fíjate, están
los reclusos y sus familiares”, va comentándome
Reinaldo González mientras busco mi asiento.
¿Están obligados a venir al concierto? “No, claro
que no”, responde. Desde el público se aprecia
mejor el escenario. La tela del fondo es una
mujer con cara de luna y un solecito en el pecho,
pintura de Rancaño que aparece en la portada del
disco “Expedición”. Por fin, vibra el micrófono
y se escucha: “Buenas tardes, soy Silvio Rodríguez.”
[]
Ellos.
Un trío de trovadores
y un cuarteto vocalista,
un humilde repentista
un pintor de los mejores
y uno de los escritores
más insignes del país,
le hemos dado a la raíz
de nuestro arte nuevos usos,
para que ustedes, reclusos,
tengan un día feliz.
Una pausa y el murmullo cariñoso que parece
replicarle “¿pero quién no te conoce, Silvio?”.
Él explica a qué han venido. “Estamos aquí porque
creemos en ustedes. Tenemos fe en el hombre y en
la mujer, tenemos fe en los jóvenes, y nos
sentimos igual que ustedes. Esta gira la
iniciamos en 1990, pero tuvimos que interrumpirla
después de visitar algunas prisiones del
Occidente –la impidió el Período Especial-, y
ahora llegó la oportunidad de continuarla. Somos
un grupo de artistas, de los muchos que se
brindaron, pues esta fue una idea bien acogida,
no solo por la Asamblea Nacional, sino por artistas de varias manifestaciones.”
Al escenario llega Reinaldo, Premio Nacional de
Literatura. Sus palabras son tan breves y
emocionadas como las del cantautor: “El hombre es
perfectible: no hay detrás de esta palabra nada
místico, sino una convicción realista. Nos hemos
reunido un grupo de amigos para venir trayendo
música y alegría de vivir que es imprescindible
para superar cualquier angustia.” Y continúa:
“Soy escritor y no quise venir con las manos
vacías. Con la ayuda del Instituto Cubano del
Libro, he seleccionado 302 obras entre los
grandes títulos literarios de la humanidad.
Autores muy diversos, imprescindibles para la
formación cultural. No hemos pensado solamente en
el que comienza a leer, sino también en el que
suele leer y su cultura le exige superación”.
Reinaldo presenta a una cantante bayamesa, Lidia
Alcobea, técnica de laboratorio del hospital del
penal, y ella a Vicente Feliú, que viene con un
poema de Antonio Guerrero, uno de los Cinco
cubanos prisioneros en Estados Unidos, que el
trovador musicalizó. Vicente sigue con su “De
donde habita el corazón” y ese himno generacional
que es “Créeme”. Ha comenzado “el guateque”, como
anunciara Reinaldo poco antes, y Silvio sube
nuevamente al escenario para cantar a dúo con
Vicente “El colibrí” y luego, solo, “Cita con
ángeles”, “Pequeña serenata diurna” y
“Expedición”, de la cual apunto estos versos
enigmáticos: “Hoy somos ángeles caídos/ junto al
que fuimos a curar”. Busca el tono de la guitarra
por unos segundos que se alargan: “Es que el sol
desafina las guitarras”, se disculpa y empieza a
sonar “La gota de rocío”. Se escucha, como voz
segunda, un coro espontáneo de las mujeres del
público, mayoritariamente combatientes que
trabajan en prisiones de Granma. Miro detrás de
mí. A un par de filas de distancia están
intercalados un grupo de presos y sus familiares.
Una mujer de ojos cansados no deja de apretar la
mano del que parece ser su hijo, quien canturrea
bajito: “La gota de rocío/ del cielo se cayó/ y
en ella el amor mío/ la carita se lavó”. Canta y
sonríe con los ojos clavados en el trovador y yo
me desarmo. Ni siquiera puedo apuntar lo que
pienso en este instante. Cualquiera se da cuenta
que la dignidad no es propiedad que tenga el ser
humano, como tiene páncreas o sistema nervioso,
sino que es una idea de sí mismo, quizás un
momento como este, una esperanza, un proyecto
alumbrado por él, que se mantiene mientras lo mantenemos.
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La misma música.
Es temprano todavía
pero ya hay luna en el cielo
se enteró de que en el suelo
hay música y poesía.
Es raro, siendo de día,
ver la luna en primer plano;
se enteró del gesto humano
al que Silvio convocó
y no sé si no durmió
o se levantó temprano.
Hoy llega esta “Expedición”
de música y poesía
para sembrar alegría
en las piedras del rincón
más oculto. Una prisión
deja heridas interiores
pero seguro, señores,
después de lo que hoy vivamos
como dice Silvio vamos
a ser “un tilín mejores”.
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La misma música.
Es verdad, son poco más de las cuatro de una
tarde iluminada de modo tan implacable que el
público tiene que ponerse la mano como visera
para ver a los artistas, y sin embargo, la luna
está a un costado del cielo y en el mural de algo
más de tres metros que a mi izquierda pinta
Rancaño, junto a cinco artistas plásticos de la
provincia y a dos reclusos. Uno de los presos
dibuja con parsimonia el detalle astral casi a
mitad de la tela, el punto de partida para un
cuadro sin motivo preconcebido, que va armándose
a medida que se escuchan las canciones. En cinco
bandejas de aluminio, traídas del comedor de la
prisión, mezclan las pinturas. Cuando sube a la
tarima el cuarteto Sexto Sentido, el mural está
terminado y en él se reconoce un barco
fantasmagórico, partido en dos por un árbol sin
hojas que alza una estrella entre sus ramas
secas. Detrás de esa primera luna tímidamente azul aletea una paloma blanca.
Para entonces ya cantaron Alexis Díaz Pimienta y
Amaury Pérez. Y para entonces hemos llorado y nos
hemos reído muchísimo. El humor de Amaury, que
celebra en esta gira sus 25 años de casado con
Petí, ha relajado la tensión emotiva del
concierto: “Recuerdo muy bien la primera vez que
vine a Bayamo hace unos 30 años. Salí del hotel
donde me hospedaba y me fui al Parque Céspedes.
Me encontré dos personas mayores, tomando un
alcohol ‘raro’: ‘la sonrisa del tigre” dijeron
que se llamaba la bebida. ‘Tómate un trago para
que tú veas por qué se llama así’. El sorbo bajó
perfecto, pero cuando subió hizo: ‘ahhhhhhhhhh’”.
Amaury cantó “Te perdono” de Noel Nicola –“que si
viviera estaría aquí, con nosotros”-, “Acuérdate
de abril” y cuando iba a entonar “Si yo
pudiera…”, advirtió que “esta canción la escribí
en una gira por Europa con Pablo Milanés y Sara
González, donde, por cierto, nadie entendía las
letras. No me hizo mucha gracia cuando en Hungría
anunciaron que iba a cantar ‘Amauroska Perezoska’.”
[]
Sexto Sentido.
El concierto termina con los reclusos y los
artistas, juntos, en el escenario. Toca el
Sexteto Granma, constituido en prisión. La
primera voz y guitarra no lleva el uniforme de
presidiario, porque es un hombre libre. No hace
mucho terminó de cumplir su condena –casi 20
años-. Cuando lo invitaron para que cantara junto
a los compañeros del grupo que él había fundado,
aceptó sin titubear. A Yayito, así lo conocen en
la prisión y en Bayamo, le pregunto qué ha pasado
con su vida: será evaluado como músico
profesional y va a empezar a recibir clases de
guitarra, de solfeo y las asignaturas teóricas,
con profesores de Bayamo. “La música me salvó”,
dice y se inclina para saludar a uno de los
integrantes de la Banda de Conciertos del penal,
la primera de cuatro que ya se han constituido en
el país, integradas por presos que sufren largas
condenas. ¿Por qué ellos? La razón es sencilla,
me explican: para que la vida no sea para esos
seres humanos un agujero negro hasta el final.
Son poco más de las cinco de la tarde. Los
instrumentos han desaparecido del escenario y los
presos, en fila, regresan a sus celdas. “Se acabó
el sueño y ha vuelto la realidad”, pienso en voz alta.
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Repentista.
“Sí, pero ya no será igual que antes –interviene
Amaury. Ni para ellos ni para nosotros. ¿Viste
que cantamos no más de tres canciones cada uno?
Pues nos sentimos como si hubiéramos cantado
durante tres horas seguidas. Regresamos siempre
cansadísimos, nos derrumbamos literalmente,
porque las emociones son tremendas,
incomparables.” Le pido un ejemplo: “Me encontré
con un muchacho que me dijo: ‘Amaury, yo siempre
soñé con darte un abrazo y mira dónde te lo vine
a dar’. Le pregunté cuánto tiempo le faltaba para
salir: ‘un año’. ‘Pues prométeme que cuando
salgas me vas a ir a ver para darnos otro abrazo’.”
[1] Las décimas que acompañan este texto fueron
improvisadas por Alexis Díaz Pimienta durante el concierto.
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@}-,-'-- Maryel, "la guardiana de la suerte"
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