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Maryel
nierika en trovacub.com
Vie Ene 11 00:02:05 CST 2008
Los que soñamos por la Oreja
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Te doy una canción
Por: Joaquín Borges Triana
Correo: <mailto:cult en jrebelde.cip.cu>cult en jrebelde.cip.cu
10 de enero de 2008 00:00:37 GMT
Cubierta del álbum doble titulado Te doy una canción
Creo que el tiempo ha evidenciado la necesidad de
que nos sentemos a revisar las estructuras de
muchas de las instituciones culturales de nuestro
país. La mayoría de ellas fueron diseñadas hace
ya décadas, cuando las circunstancias en Cuba y
en general, en el mundo en que nos movíamos, eran
otras. De ahí el hecho de que no pocas de tales
instituciones resulten en la actualidad
sencillamente inoperantes y solo caldo de cultivo
para que en las mismas florezca, en el mejor de
los casos, la inercia, y en el peor, la
burocracia, ya sea la de la vieja estirpe o la de la nueva escuela.
Pensaba en lo anterior el pasado viernes 4 de
enero, cuando en horas de la tarde fue presentado
el álbum doble titulado Te doy una canción,
contentivo de los conciertos que el 25 y el 26 de
noviembre de 2006 ofrecieran más de 40 trovadores
de distintas generaciones y promociones, a manera
de agasajo a Silvio Rodríguez Domínguez por su
cumpleaños 60. Sucede que este acontecimiento
viene a ratificar, una vez más, lo mucho y bueno
que una institución como el Centro Cultural Pablo
de la Torriente Brau viene haciendo desde hace
una década por las artes en nuestro país y en
particular, por una manifestación como la trova.
El modelo de gestión y promoción cultural que ha
establecido dicho centro, un lugar con una muy
reducida plantilla, escasos recursos económicos
pero eso sí, con muchísimas ganas de hacer y con
la eficiencia como bandera, debería empezar a ser
objeto de estudio por quienes dirigen buena parte
de las instituciones de la esfera y que, en no
pocos casos, con posibilidades económicas
infinitamente superiores y un elevado número de
trabajadores, ni por asomo al concluir un año de
trabajo pueden compararse en lo hecho a lo
llevado a cabo por el Centro Pablo, un lugar en
el que se respira respeto por el artista, algo que tanto falta en otros sitios.
Por todo lo anterior es que el equipo encabezado
por Víctor Casaus y María Santucho está en
condiciones de acometer un proyecto como el álbum
doble Te doy una canción, que recién ha sido
presentado. En su momento, desde estas propias
páginas comenté aquellas dos tardes de conciertos
celebradas en noviembre de 2006. Ahora,
transcurridos casi 14 meses, al escuchar el par
de volúmenes que integran el fonograma, me
ratifico en algo que expresé entonces y es que
más que un tributo a la figura individual de
Silvio, cosa sobradamente merecida, el homenaje a
Rodríguez Domínguez resultó rebasado y devino un
canto a una manera específica de asumir el arte,
tanto por hacedores como por consumidores.
No considero oportuno hacer distingos entre los
niveles cualitativos alcanzados por uno u otro de
los participantes en el disco, ya que todos
dieron lo mejor de sí en aras de gratificar al
hermano de oficio, lo cual no significa que en lo
personal yo no tenga mis versiones preferidas. Me
parece más conveniente resaltar el empaque
registrado en el fonograma, en tanto producto de
primera categoría, donde no falta un librito con
abundante material fotográfico (a cargo de Alain
Gutiérrez) y textos, todo diseñado por Katia
Hernández, quien en compañía de Enrique Smith,
integra el proyecto denominado K&K, responsable
de parte de la imagen gráfica del Centro Pablo.
Otro aspecto sobresaliente de la propuesta es la
calidad de la grabación, que corre a cuenta de
Jaime Canfux y Juan Demósthene, figuras que ya
han sido reconocidas por su meritorio trabajo
técnico en la colección de fonogramas del ciclo
«A guitarra limpia» y que, incluso, en el caso de
Jaime, en la edición del 2007 del Cubadisco,
fuese galardonado con el premio a la Mejor
grabación in situ por el disco Trovarroco,
registrado durante un concierto de dicho trío
villaclareño en el patio de Muralla 63.
Cuando llegamos al último corte del segundo
volumen de Te doy una canción, la pieza El
colibrí, que es interpretada por el propio Silvio
como colofón de esa fiesta para los oídos que
devienen los 44 temas incluidos en el fonograma,
uno tiene la certeza de haber disfrutado de un
producto cultural de alto vuelo, y nos ratifica
acerca de que al margen de la mediocridad y el
síndrome de decadencia que pululan por doquier, no todo está perdido.
@}-,-'-- Maryel, "la guardiana de la suerte"
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